Orpesa la Vella es una pequeña península, un cerro rocoso al sur de la playa de La Concha de Orpesa (en castellano Oropesa, Castellón) que debió conocer una actividad mercantil modesta pero cosmopolita que dejó rastros en la toponimia y en la arqueología. Se trata seguramente del primer asentamiento que existió en la localidad ya en la prehistoria, habitado después por iberos y que fue abandonado en la Edad Media al trasladarse la población por motivos de seguridad a la zona del castillo construido en el cabo ante los continuos ataques piratas. Se trata como decimos de una roca que penetra en el mar entre lo que se denominaba Banyador dels Clergues (Bañador de los Clérigos) a la salida de un torrente y el Carregador (Cargadero), pequeña cala interior al abrigo del viento, hacia el norte, donde se encontró una pequeña figurita de un caballo de bronce en 1968. Hoy en día el paisaje está muy transformado por el desarrollo urbanístico debido al turismo, quedando apenas restos de sus murallas y habiendo caído en el olvido los topónimos de la zona. Incluso se levantó un chalet en el mismo extremo del peñasco.
Mientras buceaba en el mar precisamente frente a Orpesa la Vella un joven del pueblo descubrió un objeto extraño y pesado que al sacarlo a la superficie parecía una piña de plata. Al desintegrarse resultó ser un aglomerado de dracmas, tanto emporitanas como ibéricas de imitación emporitana, que seguramente estarían dentro de una bolsa que se caería al mar en su época sufriendo después un proceso de compactación. La acción del agua salada y el roce con la arena desgastó y estropeó una parte de las monedas, ya que algunas muestran un proceso de erosión importante, de tal modo que las de la parte exterior de la piña incluso muestran el cospel incompleto mientras que las del interior se conservaron casi intactas y sin corrosiones.
Tras el hallazgo las monedas fueron al parecer repartidas inicialmente en tres lotes, los cuales a su vez se fueron subdividiendo.
Es lo que nos relata en su obra (Esteve, 2001) el profesor Francesc Esteve Gálvez (1907-2001), arqueólogo y prehistoriador castellonense, quien según reconoce adquirió 35 ejemplares que constituían como una séptima parte del conjunto, de lo que se deduce que el total serían unas 245. De las otras, una inmensa mayoría entraron en el mercado numismático.
En ningún momento se indica la fecha del hallazgo ni por él ni por ninguno de los autores que estudiaron este tesorillo, y aunque parece que sucedió en los años sesenta del pasado siglo lo único seguro es que hubo de ocurrir antes de 1984, fecha de publicación de la primera noticia sobre el mismo.
Fue Leandre Villaronga quien dio a conocer este tesorillo mediante una breve reseña cuando publicó su artículo «Les dracmes ibèriques del tipus de Puig Castellar» (Villaronga, 1984), donde señala que conoce 175 ejemplares del mismo y da su relación por tipos y leyendas, pero sin tener constancia del lote de Esteve.
Años después repite esa relación de las 175 dracmas que conoce en su TMPI (Villaronga, 1993), donde asigna a este tesorillo de Orpesa el número 36 de su repertorio.
Villaronga seguía sin tener acceso al lote de Esteve cuando finalmente publicó su estudio del hallazgo (Villaronga, 1998), como reconoce según sus palabras que traducimos así: » Hace unos cuantos años aparecieron en el mercado numismático dracmas ibéricas de imitación emporitana en un número inusual. Comenzamos la investigación recogiendo material y buscando información sobre su procedencia. Llegamos a la conclusión de que cerca del mar en Orpesa (Castelló) se halló un depósito formado por dracmas emporitanas y por dracmas ibéricas de imitación emporitana, el cual fue dividido en dos partes. Una de ellas comprende las monedas que nosotros hemos podido estudiar en casi su totalidad. La otra parte se guarda en situación desconocida, no habiendo salido al mercado. Prudentemente hemos esperado la aparición de la segunda parte del tesoro, la no estudiada, pero los años van pasando y hemos creído conveniente dar a conocer la parte estudiada, la cual comprende 171 ejemplares , algunos inéditos de gran interés. Esperemos que algún día se pueda estudiar la parte que falta, la cual seguramente dará muchas novedades».
Como vemos, modifica el número de ejemplares estudiados, pues reconoce que había algunos duplicados procedentes de diferentes ventas. En su nueva catalogación describe 163 dracmas emporitanas e ibéricas, a las que añade 8 más posiblemente ibéricas de leyenda no visible (Villaronga, 1998, lám. IV) hasta alcanzar el número de 171.
Además para este autor los 10 ejemplares que había publicado Guadán como de procedencia desconocida (Guadán, 1979) formarían también parte del hallazgo «con toda seguridad», por lo que la cifra de monedas conocidas por él en realidad ascendería a 181, pues aunque los incluye en su estudio no los contabiliza entre los 171, sino aparte, con la anotación Cuad. Num.
Estos 181 sumados a los 35 propiedad de Esteve nos da una cifra de 216, ya más cercana a los 245 señalados.
Será el profesor Ripollès quien, ya en el 2005, publica que en 1994 pudo estudiar el lote de dracmas procedentes de este tesorillo que estaba en la colección de F. Esteve (Ripollès, 2005), y que actualmente se hallan depositadas en el Museu Provincial de Belles Arts de Castelló.
De este modo, pudo realizar un completo análisis del tesoro confrontando el estudio de Villaronga (Villaronga, 1998) con el suyo, dando la relación de los 206 dracmas (pues deja también sin contabilizar el lote de Guadán).
Para finalizar, años después Gabriel Villaronga (hijo de D. Leandre) publicó a su vez un lote de 5 dracmas ibéricas que muy probablemente pertenecieran también a este tesorillo «teniendo en cuenta que por algunas características como su morfología, corrosión, etc., son muy parecidas a las que se encuentran en el Museu de Castelló procedentes del tesoro de Orpesa» (Villaronga, 2023).
COMPOSICIÓN
Aproximadamente 245 monedas, de las cuales conocemos 221:
- 35 ejemplares adquiridos por F. Esteve (hoy en el Museu de Belles Arts de Castelló).
- 171 ejemplares estudiados por Leandre Villaronga
- 10 ejemplares estudiados por Guadán
- 5 ejemplares estudiados por Gabriel Villaronga
Señalaremos con el siguiente código: V (Leandre Villaronga), V´ (Gabriel Villaronga), E (Esteve) y G (Guadán).
- Dracmas emporitanas: 47 (V) + 12 (E) = 59
- Dracmas ibéricas: 124 (V) + 23 (E) + 10 (G) + 5 (V´) = 162
Las dracmas ibéricas de imitación emporitana presentes en este tesorillo se evidencian como una muestra bastante completa de las diferentes variedades de tipos conocidos: con deformaciones de la leyenda griega, con distintas leyendas pseudoibéricas, con símbolo lobo, símbolo creciente, símbolo estela, símbolo delfín, leyenda Ku, anepígrafas e ilegibles. Remitimos al artículo de Ripollès en el enlace de la bibliografía para más detalles. Sí diremos que este hecho le lleva a deducir que el conjunto fue perdido en el momento en que estas dracmas habrían tenido que haber finalizado ya su emisión o estarían a punto de hacerlo, ya que no se aprecia ninguna ausencia significativa de ningún tipo que induzca a deducir que aun no habían sido acuñados. Además sospecha que su emisión fue relativamente corta y que circularían al mismo tiempo. Lo que está claro es que por su composición hemos de situar su pérdida en un momento posterior a la del tesorillo de Puig Castellar.
Esa horquilla cronológica estimada para su pérdida u ocultación sería del 218 a.C. a inicios del siglo II aC., sin poder precisarse mucho más por la falta de monedas romanas para datarlo. Para Villaronga el terminus post quem sería el 206-205 aC., es decir, tendría que haberse perdido después de esa fecha. El estudio del tesoro X4 (Hébert, 1998; Sills, 2003) junto con el de Orpesa apoyan el planteamiento de que las dracmas ibéricas de imitación emporitana fueron acuñadas durante la II Guerra Púnica y que hacia el 206 aC ya se habrían acuñado todas.
Las dracmas ibéricas copiando el diseño de las dracmas emporitanas de cabeza de Pegaso modificada son la primera acuñación generalizada del mundo ibérico, pero no sería consecuencia del desarrollo económico alcanzado y la necesidad de monetizar su economía sino por necesidades estipendiarias, pues su elevado valor (4,6 g de plata) no resultaría útil en el comercio diario. Esta hipótesis ya fue propuesta por García-Bellido (García-Bellido, 2001) y parece más factible que la que defendía Villaronga (Villaronga, 1998) que pensaba que se acuñaron para financiar los levantamientos de los ilergetes (MIB).
La escasa variación en el peso de esta dracmas ibéricas en una producción realizada por diferentes ciudades o pueblos (se conocen más de 200 leyendas diferentes y algunas comparten el cuño de anverso pero con leyendas diferentes en el reverso) que no dispondrían siempre de medios humanos y técnicos de nivel hacen suponer que su emisión fue un fenómeno que implicaría la existencia de cierta coordinación (MIB).
Parece que se acuñaron en un contexto de guerra quizás con la intención de contribuir a la financiación de los gastos bélicos del bando romano, considerando que el modelo que copiaron, la dracma emporitana, fue la moneda más habitual que percibieron los soldados de dicho ejército (Ripollès, 2000).
Veamos ahora una de las dracmas de este tesorillo:
Esta dracma que ahora presentamos fue subastada por primera vez con ocasión de la Subasta ANE del 9 de octubre de 1990 y posteriormente, treinta años más tarde, en la Subasta Áureo 345 de 2020, lote 122. Pesa 4,23 g y tiene el eje de cuños a las 3h.
Comprobamos que aparece en la obra de Villaronga «Les dracmes ibèriques i llurs divisors» con el nº 333, dentro del grupo 8-13, es decir, grupo con el símbolo creciente bajo Pegaso con leyenda no visible, donde señala que procede del Tesorillo de Orpesa.
Hoy la clasificamos como MIB 3/119, siendo concretamente el Id 131877.
Aunque su leyenda no es visible, gracias a un ejemplar de los publicados por Gabriel Villaronga que tiene los mismos cuños y que seguramente pertenece al mismo tesorillo podemos conocerla. Podemos apreciarla en la foto adjunta.
Su lectura es de difícil interpretación, pues hay signos que no están muy claros. Una posibilidad sería MKuRIBeKuBi.
- El primer signo, con forma de T, es bastante infrecuente y se cree que corresponde a un sonido nasal, probablemente una «m». Lo conocemos de las leyendas de las cecas de OMTiKeS y UMANBaATe.
- El segundo signo, con forma de O, corresponde al sonido «ku».
- El tercero corresponde al sonido de una «r».
- El cuarto signo, dudoso, podría ser «i»
- El quinto corresponde con el sonido «be».
- El sexto es desconocido, pero si el semicírculo se cerrase en su parte inferior sería «ku».
- Al final parece que hay un séptimo signo. Se ve el punto y podría ser que se continuase hacia abajo y tuviese la forma de I, por lo que quizá se trate del sonido «ba».
BIBLIOGRAFÍA
Esteve, 2001: Francesc Esteve, Les fonts antigues, p. 38-54. Castelló. 2001.
García-Bellido et al., 2001: Mª Paz García-Bellido y Cruces Blázquez. Diccionario de Cecas y Pueblos Hispánicos. 2001
Guadán, 1979: Antonio M. Guadán, «Un nuevo conjunto de dracmas ibéricas de imitación emporitana y algunas observaciones sobre epigrafía ibérica», Cuadernos de Numismática 16, pp. 13-25. 1979.
Hébert, 1998: Jean Claude Hébert, «La datation haute des monnaies aux types de Béziers, Moussan et Bridiers, d’après les monnaies de ces types trouvées dans quatre trésors espagnols», Acta Numismática 28, pp. 79-126. Barcelona. 1998.
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Sills, 2003: John Sills, Gaulish and Early British Gold Coinage. Spink & Son Ltd. London. 2003.
Villaronga, 1984: Leandre Villaronga, «Les dracmes ibèriques del tipus de Puig Castellar». Acta Numismática 14, p. 33. 1984.
Villaronga, 1993: Leandre Villaronga, «Tresors monetaris de la Península Ibèrica». Barcelona. 1993.
Villaronga, 1998: Leandre Villaronga. Les dracmes ibèriques i llurs divisors. Complements d´Acta Numismàtica 3. Societat Catalana d´Estudis Numismàtics. Barcelona, 1998.
Villaronga, 2023: Gabriel Villaronga. Noves llegendes i una precisió sobre dracmes ibèriques. Acta Numismática 53, pp. 39-42. Barcelona. 2023.





