El hallazgo de Puig Castellar en 1943 revolucionó los conceptos que se tenían hasta entonces sobre la numismática emporitana. El estudio de dos de sus ejemplares nos facilitará la comprensión de la importancia de este tesorillo, pues son paradigmáticos de los dos grupos que dieron una nueva dimensión al conocimiento de las dracmas emporitanas y de sus imitaciones ibéricas.
Este ejemplar es una dracma emporitana que procede de la subasta Vico 148, pesa 4,83 g y tiene el eje de cuños a las 10h. Enseguida nos llama la atención el estilo más iberizante que helenístico del busto de Aretusa, así como el de su pendiente (arracada). También la cabeza transformada del Pegaso del reverso, en forma de pequeño genio que se toca los pies, que es de un extremado realismo.
Hemos conseguido precisar su trazabilidad desde que apareció en 1942 en el hallazgo de Puig Castellar. Sabemos que fue adquirido por Antonio Villoldo Roca, hombre de gran personalidad y origen humilde, fontanero de profesión, que llegó a formar una de las mejores colecciones de moneda antigua hispana de su tiempo recorriendo toda Cataluña comprando y vendiendo ejemplares pero reservándose los mejores para sí. Leandre Villaronga le reconoce como uno de sus primeros maestros. Muchos años después esta dracma fue adquirida por Gonzalo Cores Uría (subasta Calicó 19/06/1979, lote 656), cuya magnífica colección ha sido publicada en tres volúmenes y donde viene catalogada como C-86. A su vez, la Colección Cores se ha ido subastando en varias sesiones por la casa Jesús Vico S.A. Precisamente fue en una de ellas, la Vico-148, en la que figuró como lote 68.
Hemos podido comprobar que aparece en el libro de Guadán titulado «Las monedas de plata de Emporion y Rhode II» (Guadán, 1957-58), donde este autor le asigna el nº 691 de su repertorio (anverso 386, reverso 511).
Villaronga cataloga este ejemplar en el grupo 4, el de busto de Aretusa de acusado estilo ibérico y con una arracada singular, con el número 266 (tipo 14, de anverso 5 y reverso 6d) y señala que procede del tesorillo de Puig Castellar (Villaronga, 2003, p. 98 y 160). Este grupo era desconocido por Amorós, pues se conoció a raíz precisamente de este hallazgo. Como hemos señalado, la arracada tiene una forma alargada peculiar, y además el busto de Aretusa es grande y de una estilo marcadamente iberizante.
Villaronga definió las características de las dracmas del «tipo Puig Castellar» en base a las del grupo homogéneo más abundante presente en este hallazgo (Villaronga, 1984).
Actualmente, siguiendo la clasificación MIB, se trataría del MIB 1/213b, y concretamente este ejemplar es el Id 74786. Los reversos pueden presentar el símbolo de un delfín (como es el caso) o no (siendo entonces MIB 1/213a), pero ambos enlazan con cuños de anverso. Precisamente, el elevado número de enlaces entre los cuños de anverso (7 cuños conocidos) y de reverso (10 conocidos), indicarían una emisión corta en el número y en el tiempo (Villaronga, 2003, p 48-49). Es evidente la diferencia, aunque con alguna excepción, entre los reversos que portan el delfín de los que no lo llevan: la cabeza modificada del Pegaso es estilizada en éstos y muy realista en aquéllos. Pero es precisamente el enlace de cuños de anverso con ambos tipos de reverso lo que descarta la posibilidad de dos talleres o dos emisiones distintas.
Este otro ejemplar del mismo tesorillo es en cambio una dracma ibérica de imitación emporitana que procede de la subasta Ibercoin 51 (colección Turiaso), lote 371, que ya había sido subastado previamente en 1994 en Áureo 49, lote 354. Pesa 4,64 g y tiene el eje de cuños a las 9h. Hemos podido comprobar que aparece en el libro de Guadán titulado «Las monedas de plata de Emporion y Rhode II» (Guadán, 1957-58), donde este autor le asigna el nº 808 de su repertorio (Guadán 1957-58).
Villaronga cataloga esta moneda dentro del grupo 2 (dracmas de imitación de la leyenda griega) con el número 63 (mismo ejemplar), combinación 27 (anverso 9/ reverso 14), indicando que procede del tesorillo de Puig Castellar (nº catálogo 59) (Villaronga, 1984; Villaronga, 1998).
En este hallazgo se evidencia precisamente el primer momento en que la leyenda griega pasa a iberizarse, o sea, los primeros instantes de la aparición de la dracma ibérica de imitación emporitana. Y se comprueba que es coetánea su emisión a la de las dracmas emporitanas de arracada singular.
Es interesante destacar un enlace de cuños que hemos detectado: el anverso es el mismo que en el ejemplar Cores 833 (MIB Id 155796), pero sus reversos no sólo no coinciden sino que incluso muestran leyendas distintas. El reverso sí que es del mismo cuño que el de Id 138097. Esto vendría a demostrar que en un mismo taller se acuñaron dracmas ibéricas con diferentes leyendas (que imitaban a las griegas, pero con errores).
MIB Id 155796 (3/008), con el mismo anverso, y MIB Id 138097 (3/001), mismo reverso.
TESORILLO DE PUIG CASTELLAR
Coma ya hemos señalado, el hallazgo de Puig Castellar revolucionó los conceptos que se tenían hasta entonces sobre la numismática emporitana. Fue publicado en primer lugar en 1943, en el número 5 de la revista Ampurias:
«A fines de 1942, un obrero, Fidel Doñate, de excursión con un compañero suyo por la cima del Turó del Pollo, en Santa Coloma de Gramanet, en el lugar del poblado ibérico de Puig Castellar, encontró en la tierra denudada por la lluvia reciente varias monedas, que supuso ochavos morunos y a los que no dio importancia, ni siquiera cuando una vez lavadas vio que se trataba de monedas de otra clase» (Pericot, 1943).
Le regaló un ejemplar a su patrón, Juan Buigas, quien entonces informó del hallazgo al catedrático de Historia y arqueólogo Luis Pericot, que era familiar suyo. Este fue recabando información y pudo estudiar 10 ejemplares, que clasificó según Amorós (Amorós, 1933). Aunque en primer término concluyó que el número total de piezas podría alcanzaría el centenar y que se tratarían todos de dracmas emporitanas, en una nota addenda indica que, tras algunas gestiones, «nos ha sido posible estudiar un buen lote de monedas divisionarias, en general muy rotas, y tres dracmas con inscripción ibérica», que esperaba poder publicar en el siguiente número de la misma revista Ampurias.
Efectivamente, en el número 6 de esta revista describe las piezas que pudo recuperar junto con cuatro láminas con «los ejemplares que obran en nuestro poder» (Pericot, 1944). De este modo añade otros 4 ejemplares a los 10 dracmas publicados el año anterior, uno de ellos con leyenda griega muy tosca y los otros tres con caracteres ibéricos. Además de describirlos y fotografiarlos hace notar la importancia que tiene el hecho de que la leyenda ibérica sea la misma en los tres, aun reconociendo que su lectura sea difícil (incluso se la mostró a Gómez-Moreno), lo que le lleva a suponer que podría indicar el nombre de una ciudad de la comarca donde aparecieron.
Asimismo añade 39 divisores, muchos de ellos rotos, que también describe y fotografía. En definitiva, son ya 14 dracmas (entre emporitanos e ibéricos) y 39 divisores los conocidos.
Y al año siguiente, ya en el número 7 de Ampurias, Pío Beltrán publicó un trabajo completo y extenso sobre las monedas emporitanas (Beltrán, 1945), incluyendo unas generalidades, bibliografía y los tesorillos conocidos a la fecha.
Pero sería años después cuando Guadán, tras un primer avance donde ya apreció la trascendencia del hallazgo (Guadán, 1955, p. 19), llegó a la conclusión de que el tesorillo era en realidad mucho mayor, y que había ido a parar a manos de varios reconocidos investigadores y coleccionistas (Guadán, 1955-56).
Para este autor se trataría del hallazgo más importante ocurrido hasta la fecha y que había revolucionado todos los conceptos de la numismática emporitana. Así, tras mencionar los artículos de Pericot y el de Beltrán, indica que “han ido apareciendo en el mercado numismático, con intervalos de años, algunos conjuntos de monedas emporitanas que por su tipología fuera de lo acostumbrado y sus especiales características llamaron poderosamente nuestra atención”.
De este modo, con la colaboración de coleccionistas e investigadores fue recopilando datos y fotografías sobre estas piezas hasta llegar a conocer «más de 150 dracmas» (posiblemente fuese una errata y quisiera escribir «más de 350») y unos 50 divisores del “tipo ibero-heleno”. No conoce ningún denario romano ni monedas de otro tipo en el hallazgo, aunque no puede descartar que los hubiera.
«La primera noticia que tuvimos sobre la aparición de dracmas de este tipo en el mercado numismático fue por la amabilidad del competente numismático don Rafael Chaves, de Madrid. Casi al mismo tiempo nuestro buen amigo y excelente coleccionista don Juan Almirall, de Barcelona, nos comunicó algunas dracmas de su propia colección adquiridas recientemente, y que coincidían en un todo con el tipo general de las dracmas ibero-helenas según nuestra propia concepción de este agrupamiento. Más tarde tuvimos acceso a la colección Villoldo, de Barcelona, incomparable en piezas ibéricas y con una espléndida base de dracmas ampuritanas de este mismo tipo y hallazgo. En conjunto, unido a las piezas de la colección Vila Sivill y a las que adquirimos para nuestra propia colección, además de algunos ejemplares en la colección Conde y Baucis, llegamos a la convicción de que este hallazgo demostraba, precisamente, el primer momento en que las copias de leyenda griega pasan a iberizarse, o sea a los primeros instantes de la aparición de la dracma emporitana no oficial con leyendas ibéricas. En el extranjero sólo hemos hallado una pieza en el Museo de París de este tipo ibero-heleno, y además ingresada recientemente, por lo que es muy posible sea de la misma procedencia. Después de nuestra primera publicación de algunas de estas piezas en nuestro trabajo de Nvmisma, se han publicado otras en diversos coloquios y conversaciones sobre el tema por parte de socios de la S.I.A.E.N. en su delegación de Barcelona, por lo que hoy en día ya son piezas bien conocidas y distinguidas por los numismáticos españoles» (Guadán 1955-56, p. 145).
Efectivamente la delegación barcelonesa de la SIAEN realizó un coloquio en 1955 sobre “las dracmas ampuritanas del Crysaor” (Nvmisma 17, p. 102-105) en la que Antonio Villoldo Roca presentó 27 ejemplares de su colección procedentes del tesorillo de Puig Castellar (Guadán 1955-56, p.55).
En su catalogación general Guadán (op.cit.) dio a conocer tipos casi por completo desconocidos, y una extensa gama de los de arte iberizante que constituía por sí sola un grupo tan extenso y numeroso como todo el resto de las acuñaciones emporitanas oficiales.
Villaronga dio más datos acerca las circunstancias posteriores al hallazgo. Relata que aunque Guadán habla de 150 dracmas y 50 divisores, en su catálogo contabiliza 267, que son «una parte de las que nosotros contabilizamos en aquellos tiempos anteriores al año 1950» (Villaronga, 2003).
Adelanta un poco la fecha del hallazgo, a los tiempos de la guerra civil (1936-39), precisando que apareció al arrancar unos individuos una cepa mientras recogían leña en un lugar próximo a la muralla del oppidum. «Después, todas las monedas o algunas llegaron al ámbito universitario, creemos en lo que fue más tarde el Instituto de Arqueología, y Pericot, a la sazón catedrático de la Universidad, adquirió algunas, que publicó: 14 dracmas y 39 divisores. No fue demasiado acertada la elección; los divisores estaban en un estado deplorable y en cuanto a las dracmas solo tenían interés las ibéricas, de la cuales había muchas en el hallazgo. Las otras, de un total contabilizado de 545, no fueron adquiridas por la Universidad y después de unas vicisitudes que desconocemos pasaron a unas manos que guardaron algunas y las otras pasaron al mercado numismático, pero de una manera controlada. Prácticamente en el transcurso de unos años fueron a pasar a seis manos, donde las pudimos fotografiar, siendo fácilmente reconocibles. Con los años las colecciones formadas hacia el año 1950 se han deshecho y las monedas han pasado a lugares muy diversos» (Villaronga, 2003).
En un estudio inicial Villaronga hizo una distinción entre dracmas de «estilo Puig Castellar» y del «tipo Puig Castellar» (Villaronga, 1998):
- Estilo Puig Castellar: dracmas que presentan en su anverso una cabeza alargada de gusto ibérico, y unas arracadas singulares en forma de equis con una línea que les atraviesa, y en el reverso la leyenda griega es correcta, todas provenientes de este hallazgo.
- Tipo Puig Castellar: dracmas en los que se aprecia la evolución de la leyenda a partir de la griega Emporiton que se va modificando permitiendo establecer una secuencia de cuños, y que son mayoritariamente provenientes de este hallazgo.
Pero años después prefirió corregir el nombre de «dracmas de estilo Puig Castellar» por el de «dracmas de arracada singular» (Villaronga, 2001). No es exactamente una equis atravesada por una línea horizontal, como explica, pero se le aproxima. Podemos ver la en imagen un ejemplo paradigmático, pero hay variantes. Todas las conocidas salvo una (del tesorillo de Oropesa) proceden de este hallazgo. Villaronga estima que se trata de una emisión oficial de Emporiton y que circuló sólo en las proximidades del centro emisor. El hecho de haberse hallado junto con las primeras ibéricas de imitación emporitana hace pensar que son coetáneas. Se conocen siete cuños de anverso y diez de reverso.
Este tesorillo fue inventariado en 1984 (Villaronga, 1984) y en el 2000 (Villaronga, 2000), pero en el 2003 lo hizo de una manera mucho más concreta (Villaronga, 2003).
COMPOSICIÓN: 545 ejemplares conocidos.
- 55 dracmas de emisiones antiguas, anteriores al 218 a.C.
- 377 dracmas de tiempos de la segunda guerra púnica (finales del siglo III a.C.)
- 74 dracmas ibéricas de imitación emporitana.
- 39 divisores emporitanos de la segunda guerra púnica (finales del siglo III a.C.)
Remitimos a sus obras citadas para conocer los distintos subgrupos y tipos que identifica, aunque hoy en día recomendamos la web MIB como referencia para la clasificación de la moneda antigua de la Península Ibérica. En el repertorio del TMPI figura con el número 37.
Tarradell-Font plantea sus dudas sobre si todas las monedas añadidas tras el hallazgo provenientes de colecciones particulares pertenezcan con seguridad al mismo (Tarradell-Font, 2003).
En la campaña de excavación de 2002 tuvo lugar el hallazgo de 11 monedas en superficie. Ocurrió al limpiar el terreno para preparar los inicios del trabajo arqueológico en la denominada «casa 39», situada en una zona cerca de la muralla del poblado. El lugar coincide con el de la aparición del tesorillo, lo que parece indicar que puede tratarse de restos del mismo. Además su composición es muy semejante. Se trataba de 8 dracmas emporitanas, 1 dracma emporitana de arracada singular y 2 dracmas ibéricas de imitación emporitana con la leyenda griega deformada (Tarradell-Font, 2003).
OPPIDUM DE PUIG CASTELLAR
El yacimiento del poblado ibérico layetano de Puig Castellar se halla ubicado en la cumbre del Turó del Pollo, en Santa Coloma de Gramenet, una colina que se eleva 300 m sobre el río Besòs. Fue descubierto en 1902 a raíz del hallazgo de restos cerámicos en su ladera y gracias al interés del entonces propietario de los terrenos, el abogado e historiador Ferrán de Sagarra i de Ciscar, se iniciaron las primeras excavaciones arqueológicas en 1904 y 1905. Años después cedió los terrenos y los materiales encontrados, que se depositaron en el MAC, al Institut d´Estudis Catalans, que retomó las excavaciones en 1922-25 y 1954-58. A partir de 1997 el ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet puso en marcha a través del Museu Torre Balldovina un proyecto de actuación, musealización y divulgación del parque arqueológico que ha culminado con la declaración de Bien Cultural de Interés Nacional en el 2024.
Aunque no se puede precisar bien, se cree que el poblado pudo formarse en el siglo V a.C., alcanzaría su apogeo en el siglo III a.C., y sería abandonado abruptamente alrededor del 200 a.C., momento marcado históricamente por la II Guerra Púnica y por las campañas de Catón (Clavell et al., 2008).
Uno de los aspectos más interesantes de los hallazgos en el yacimiento de Puig Castellar son los diversos cráneos humanos encontrados al parecer al pie de la muralla durante las primeras excavaciones de principios del siglo XX. Alguno de estos cráneos estuvieron atravesado por un clavo de hierro para fijarlos y exponerlos en la muralla. Este rito parece que debe relacionarse con la tradición céltica de las cabezas cortadas. (Clavell et al, 2008).
También durante las primeras excavaciones realizadas por Ferrán de Sagarra apareció un ponderal de piedra en forma de esfera (de 8,3 cm de diámetro y 424 g de peso) aplanado en su parte inferior y con una argolla de hierro para colgarlo, que tiene la particularidad de llevar grabada una inscripción en alfabeto ibérico: USTAINABARARBAN (Ferrán, 2013).
Quiero agradecer la diligencia y gentil atención del personal del Museu Torre Balldovina, suministrándome información sobre los hallazgos monetarios del 2002.
BIBLIOGRAFÍA
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Clavell et al, 2008: Magda Clavell, Ángel Manzano, Sara Marín, Josep Lluís Muñoz y Miquel Rico. Puig Castellar, Santa Coloma de Gramanet. Guías del Museu d´Arqueologia de Catalunya. 2008.
Ferrer, 2013: Joan Ferrer i Janè: A propòsit d’un pes de pedra ibèric del Puig de la Misericòrdia (Vinaròs) de 41 gr amb la marca metrològica ‘o’. Quaderns de Prehistòria y Arqueologia de Castelló 31. pp 137-147. Castellón. 2013.
Guadán, 1955: Antonio Manuel de Guadán Láscaris. La cronología de las acuñaciones de plata de Emporion y Rhode, según los hallazgos y la secuencia de cuños. Numisma 16. 1955.
Guadán, 1955-56: Antonio Manuel de Guadán Láscaris, Las monedas de Plata de Emporion y Rhode, vol I. Anales y Boletín de los Museos de Arte de Barcelona, vol XII, 1955-56. Barcelona.
Guadán, 1957-58: Antonio Manuel de Guadán Láscaris, Las monedas de Plata de Emporion y Rhode, vol II. Anales y Boletín de los Museos de Arte de Barcelona, vol XIII, 1957-58. Barcelona.
Pericot, 1943: Luis Pericot García, «Hallazgos de dracmas emporitanos en el poblado ibérico de Puig Castellar«, Ampurias V, Revista de Arqueología, Prehistoria y Etnología, pp 302-304. Barcelona, 1943.
Pericot, 1944: Luis Pericot García, «El depósito de monedas ampuritanas de Puig Castellar«, Ampurias VI, Revista de Arqueología, Prehistoria y Etnología, pp 323-327. Barcelona, 1944.
Tarradell-Font, 2003: Nuria Tarradell-Font. «Estudi preliminar de les monedes», en Puig Castellar. «Els ibers a Santa Coloma de Gramenet. 5 anys d´intervenció arqueológica (1998-2002)». Ferrer y Rigo. Museu Torre Balldovina. 2003.
Villaronga, 1984: Leandre Villaronga. Les dracmes ibèriques del tipus de Puig Castellar. Acta Numismática 14, pp 21-42. 1984.
Villaronga, 1998: Leandre Villaronga. Les dracmes ibèriques i llurs divisors. Complements d´Acta Numismàtica 3. Societat Catalana d´Estudis Numismàtics. Barcelona, 1998.
Villaronga, 2000: Leandre Villaronga. Les monedes de plata d´Epòrion, Rhode i les seves imitacions, de principi del segle III aC. fins l´arribada dels romans, el 218 aC. Complements d´Acta Numismàtica 5. Societat Catalana d´Estudis Numismàtics. Barcelona, 2000.
Villaronga, 2001: Leandre Villaronga. Dracmes emporitanes d´arracada singular. Acta Numismàtica 31, pp 31-47. Societat Catalana d´Estudis Numismàtics. Barcelona, 2001.
Villaronga, 2002: Leandre Villaronga. Les dracmes emporitanes de principi del segle II aC. Complements d´Acta Numismàtica 7. Societat Catalana d´Estudis Numismàtics. Barcelona, 2002.
Villaronga, 2003: Leandre Villaronga. La Plata Emporitana de la segona guerra púnica, final del segle III aC. Complements d´Acta Numismàtica 8. Societat Catalana d´Estudis Numismàtics. Barcelona, 2003.












