Medallas de las Colonias, Municipios y Pueblos Antiguos de España. Parte 1

Hemos tenido la ocasión de estudiar detenidamente un lote de la subasta Vico-163 consistente en los tres tomos de la obra “Medallas de las Colonias, Municipios y Pueblos Antiguos de España”, del Padre Flórez. Se trata de una de los tratados más importantes de la historiografía numismática de la Hispania antigua y es de suma rareza encontrarlo íntegro con todos sus grabados y sus tres volúmenes completos.

El primer tomo consta de 8 hh, 408 páginas y 12 láminas numeradas del I al XII (en vez de las 23 habituales, pues de la XIII a la XXIII en este caso van al final del tercer tomo) y un mapa plegado.

El segundo tomo, 2 hh, pp 409-681 (siguiendo la numeración correlativa al primer tomo) y las láminas XXIV a LVIII.

El tercer tomo, 5 hh, 292 páginas y 8 láminas sin numerar, un mapa plegado (el mismo del tomo primero) y al final del mismo las láminas XIII a XXIII (las correspondientes al tomo primero).

Los tres tomos tienen el mismo tamaño de 24,7 cm x 18,5 cm e idéntica encuadernación, presentando el tercero deteriorada la parte superior del lomo.

Nos llamó enseguida la atención la presencia de un ex libris impreso en la guarda anterior del primer tomo así como unas anotaciones (a modo de ex libris manuscritos) en las hojas de respeto de todos ellos.

El análisis e investigación tanto de este ex libris como de las anotaciones manuscritas nos ha permitido determinar la trazabilidad de la obra, identificando a los distintos poseedores de la misma y su periplo geográfico desde su publicación en 1758 hasta nuestros días.

¡Si te apetece embarcarte en este viaje, vamos allá con los protagonistas!:

 

Henrique Flórez, según grabado de su obra

ENRIQUE FLÓREZ Y SU OBRA “MEDALLAS DE LAS COLONIAS, MUNICIPIOS Y PUEBLOS ANTIGUOS DE ESPAÑA”.

Enrique Flórez (1702-1773), fue un religioso agustino burgalés que llegó a ser uno de los más importantes historiadores y numismáticos del siglo XVIII. Su obra cumbre fue la España Sagrada, un extraordinario ejemplo de la Ilustración en España, de la que además de impulsor fue el autor de sus primeros 29 tomos. En ella aborda con gran erudición el estudio de las fuentes, los acontecimientos históricos y diversas cuestiones geográficas y cronológicas.

En el Preliminar al tomo XXIV publicó La Cantabria donde zanjó la controversia que entonces existía acerca de los límites y extensión de la antigua Cantabria de las fuentes latinas.

Aunque la numismática empezó siendo para él una herramienta auxiliar de la Historia pronto se convirtió en una afición con la que hacer más suaves las tareas de aplicación y estudio que necesitaba para la continuación de una obra tan vasta como la que se había propuesto acometer: una Historia de la Religión en España.

Así, fue reuniendo para su estudio ejemplares de monedas de la Hispania Antigua, unas veces en préstamo y otras obtenidas por adquisición bien fuese compra o por intercambio. Fueron numerosas las personas que colaboraron permitiéndole examinar sus monedas, y son mencionadas en el capítulo “Razón de la Obra”. Su colección numismática llegó a ser de primer nivel, y enseguida se percató de la idoneidad de publicar los conocimientos adquiridos en su materia, según manifestó en una carta a su amigo Villacevallos en 1744: “deseoso de contribuir al bien de la Nación, medito una no pequeña obra de Ciencia Numismática, en especial de lo respectivo a España”.

Lo que comenzó siendo una herramienta de trabajo acabó constituyendo un objeto de estudio que le confirió rango de auténtico especialista y al que dedicó muchas horas de esfuerzo. Todas estas dedicaciones afectaron sobremanera a su salud.

Recomendamos la lectura del documentado artículo de Fco. Javier Campos “El P. Flórez y los estudios de la historia antigua de España en el reinado de Carlos III (1759-1788)”, a quien agradecemos que nos haya permitido reproducir varios párrafos del mismo.

“Mi colección de Medallas es ya de más de 4 mil, y lo principal es de colonias y municipios de España, en cuyo número y calidad excedo a las bibliothecas reales que están en esto pobríssimas y a las series que en algunos particulares he visto” (carta a Mayans, en 1746). “Siendo ya mi Colección la más copiosa de quantas tengo noticia acerca de Colonias y Municipios de España; me pareció que haría servicio al público darlas a la luz” (Razón de la Obra, en “Medallas de las Colonias …”).

La obra que nos ocupa, “Medallas de la Colonias, Municipios y Pueblos Antiguos de España”, le supuso además un fuerte desembolso económico tanto por la adquisición de monedas como por la edición de los 1.400 ejemplares de los que “muchos se desgraciaron en la imprenta” y cuyo coste sobrepasó los 70.000 reales. El rey Fernando VI le donó 8.000 reales para sufragar algún gasto, el mismo importe que le vino a costar sólo el papel. Es de señalar que el monarca ya había acogido los trabajos y la impresión de los volúmenes de la España Sagrada bajo su real protección y le tenía asignada una pensión anual de seiscientos ducados de vellón, pensión vitalicia que le mantuvo Carlos III cuando ascendió al trono en 1759 (el ducado de vellón no era moneda de cuenta en el siglo XVIII, sino medida de valor: 1 ducado de vellón equivalía a 11 reales de plata, es decir 374 maravedíes (cada real a 34 maravedíes).

En principio la obra iba a constar de un solo volumen, pero en vista de que iba a ocupar más pliegos de lo previsto “pareció conveniente dividirla para dar consistencia a la enquadernación” (capítulo “Advertencias a estos dos tomos”) en dos volúmenes. Así, se editaron en 4º mayor en la oficina de Antonio Marín, en los años 1757 y 1758, siguiendo una numeración correlativa tanto de páginas como de las láminas y saliendo a la venta en 1758 al precio de 1568 maravedíes (poco más de 46 reales).

Hispania, entre Hércules y Pyrene, según grabado de la obra

Sólo la cabecera del capítulo primero, un artístico grabado que pensamos que podría representar la alegoría de Hispania flanqueada por Hércules y Pyrene, le costó 30 doblones (960 reales). Fue dibujado por Antonio González Velázquez, pintor de corte y director de la Real Academia de San Fernando y grabado por Manuel Salvador Carmona que llegó a ser grabador de cámara del Rey.

En julio de 1758 le escribe a su amigo Villacevallos manifestándole que la venta va avanzando aunque con lentitud, pues a sus allegados les había ido regalando los ejemplares en un número ya mayor a setenta.

La salida a la luz de estos dos primeros tomos de las Medallas tuvo una gran difusión y significó para Flórez alcanzar gran fama y acrecentar el prestigio que ya tenía en los ambientes intelectuales tanto en España como en Europa teniendo incluso proposiciones para ser traducida al francés.

Tras su publicación el religioso agustino fue incrementando su colección pero inclinándose más por las monedas visigodas, pues claramente percibió que al haber despertado su obra el interés de coleccionistas y aficionados por las monedas antiguas esto había dificultado sobremanera la facilidad de conseguir nuevas: “desde que publiqué los libros de medallas se han hecho muy raras, siendo muchos los que las recogen y pocos los que se desprenden de ellas” (carta al Nuncio 28/XI/1761, Archivo Secreto Vaticano).

Finalmente se editó un tercer tomo en el año 1773, compuesto por una Addenda con el nuevo material que había ido conociendo, pero además añadiendo un estudio de las “monedas de los Godos”. Hoy en día este tercer tomo falta en muchas ocasiones en las bibliotecas debido al lapso de tiempo (15 años) que había transcurrido desde la publicación de los dos primeros.

 

 

En la medida que con el tiempo fue disminuyendo su interés por la numismática fue aumentando su afición por los objetos de la Naturaleza, al principio sólo como distracción, pero dado su carácter curioso e investigador y su afán por conocer “las maravillas de la Creación y la bondad de Dios que las había creado” pronto se hizo también un verdadero especialista en la materia.

De tal modo, formó un gabinete personal impresionante, y fue el impulsor de la creación del Gabinete de Historia Natural del Infante don Gabriel (hijo de Carlos III).

En cuanto al destino final de su colección numismática sólo sabemos que la legó entera y perfectamente ordenada y catalogada al Convento de San Felipe el Real (sito al comienzo de la calle Mayor, junto a la Puerta del Sol, en Madrid) de cuya comunidad fue miembro durante muchos años. La fachada de dicho convento fue lugar de congregación de los madrileños de la época, que convirtieron a las Gradas de San Felipe en el principal “mentidero” de la villa. El edificio fue demolido en 1838 por la Desamortización de Mendizábal.

 

Iglesia y convento de San Felipe el Real (fuente: bne.es)

 

(Continuará…)

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